Desarrollo social y desigualdad: La madre de todas las batallas.

Este mes de abril estuvo cargado de tragedias que no sólo sacudieron a regiones directamente afectadas como las del Norte Grande y Valparaiso, sino que también nos invitó a reflexionar como país el cómo enfrentamos situaciones de riesgo social y apoyo a familias atrapadas por la dura desigualdad en Chile.

En esa misma materia, fuimos espectadores de situaciones que sólo se pueden ver en nuestro país; el exceso de ayuda. Aquí quedó claro una vez más que las nuevas generaciones tienen un compromiso real con Chile, donde voluntarios jóvenes apoyados por instituciones gubernamentales como INJUV o de otras como Un Techo para Chile fueron los grandes protagonistas para ir en ayuda de los afectados del gran incendio en los cerros.

Ahora, tratando de pasar en limpio lo bueno, lo malo y lo feo de esto, me pregunto ¿En qué lugar encontramos las lecciones aprendidas? No sólo por parte de cómo tiene que afrontar una tragedia como esta el Estado de Chile, sino que también los entes privados y la fuerza solidaria de cada uno de nosotros como chilenos.

Revisaba en la prensa nacional ademas, a gente que comentaba qué tan bueno o malo era que haya sucedido una tragedia como esta, qué se saca en limpio, ¿Para algo sirvió?

Sin duda que las grandes desigualdades en temas como vivienda, calidad de vida y situación económica familiar nos dan alcances mucho mas importantes de poder dilucidar cómo se encuentra Chile ante situaciones de devastación, cómo también se ha fortalecido la institución y los protocolos de ayuda, etc.

Analizando la realidad de nuestra región, Los Ríos, siendo la 3era región mas pobre de Chile, nos damos cuenta que la desigualdad en la mayoría de las ocasiones va mucho mas allá del concepto “ingreso”; se trata también de dar participación social, dignidad y fortalecer el capital social.

En ese aspecto, todo Valdivia fue en ayuda a la zona afectada por medio de instituciones de carácter social, ya no sólo la Municipalidad, Cruz Roja o el Hogar de Cristo, que casi por un tema de lógica se convierten en centros de ayuda y acopio de ropa y comida.

Para finalizar, quiero rescatar en esta ocasión el impacto comunicacional y político de fuerzas comunitarias como el COSOC, como los centros de alumnos en diversos establecimientos educacionales, las federaciones de estudiantes de educación superior y por sobre todo a la ciudadanía en general, esa que aparte de llegar con una ayuda, no sólo depositó en ella un valor económico, sino que depositó en ella la voluntad, el compromiso de dignidad para todos y de responsabilidad social que hoy estamos forjando en un nuevo proceso político para todos los habitantes de nuestro país.

Antonio Santana Ramirez
Periodista UACh
Licenciado en Comunicación Social
Bachiller en Humanidades y Cs. Sociales