De Pablo Longueira a Máximo Pacheco Matte – Columna de Andrés Gillmore

Todos los gobiernos de Chile a lo largo de la historia siempre han estado intervenidos por los intereses de las transnacionales. Menos durante el breve gobierno de Salvador Allende y dio en lo que dio. En este tema específico tuvo la valentía de haber nacionalizado el cobre, quitándole la administración y la producción a la corporación americana Kenecort.

La dictadura bajo el embargo de la ley Kennedy tenía prohibida la entrada de estas grandes corporaciones; pero por medio de los Chicago Boys al inicio de los años 80, crearon las condiciones para que bajo alero de la constitución de 1980 finalmente se pudiese ir abriendo camino, constitución que por lo demás fue diseñada específicamente para que al llegar la democracia nos transformáramos en una economía de mercado y en la sede de todas las transnacionales posibles, dejando a disposición todos los medios de producción del Estado y todos los recursos naturales en manos de los grandes capitales privados, con solo un tercio del cobre quedo a disposición del Estado y somos el único país del planeta que tuvo la audacia de privatizar hasta los derechos de agua.

Todos los gobiernos de la concertación trabajaron bajo esos intereses, desencadenando la corrupción que actualmente tenemos en el congreso. El gobierno de Sebastián Piñera (RN) nomino a Pablo Longueira (UDI) como ministro de economía, con el objetivo de sacar a como de lugar la ley de Pesca y con ello privatizar el mar para entregarlos a 7 familias con conexiones con las transnacionales; para lograrlo creó una línea de corrupción que involucró a políticos, parlamentarios, alcaldes,instituciones públicas, gobernaciones, empresas y su mismo gobierno, al rescoldo de la colusión de lo que ha sido la colusión más importante hasta ese momento realizada en Chile y que hoy recién empezamos a entender.

El gobierno de la Nueva Mayoría trabaja bajo el mismo fundamento pero con otros objetivos, tiene un ministro con las mismas características de Longueira pero con un objetivo diferente; Máximo Pacheco Matte, llegó a la cartera de energía como un digno representante de las grandes corporaciones energéticas, forestales y mineras, para apropiarse de todas las masas de aguas del sur-austral y proyectar todas las hidroeléctricas posibles, asegurando los intereses de los capitales foráneos del rubro que lo patrocinan y lo han impuesto en el gobierno, sobre todo tomando en cuenta que nuestra Presidenta apoya totalmente el TPP (Tratado Transpacífico) que dará el poder total y mundial a las corporaciones privadas.

Solo en la Araucanía el ministro Pacheco Matte tiene cerca de 40 proyectos energéticos en proyección, para que bajo su administración queden acreditados y en lo posible aprobados, justificando su llegada al gobierno. En la región de Los Lagos se aprobó hace poco la intervención del Río Puelo; en Aysén esta aprobada la intervención del río Cuervo y Blanco en el municipio de Puerto Aysén y quiere reactivar HidroAysén en la cuenca del Baker al sur de Aysén; proyectos todos con un denominador común, destructivos con el medio ambiente y para la proyección social y económica de las comunidades que viven en los territorios. Todos los proyectos han sido aprobados con serias irregularidades en sus estudios de impacto ambiental (EIA) y con la venia de SERNAGEOMIN y a vista y paciencia de los parlamentarios de las regiones involucradas.

Históricamente Chile siempre ha sido un botín para los capitales foráneos; basta con leer las crónicas de antes de la guerra del pacífico (1870) para darnos cuenta que Inglaterra siempre estuvo interesado que entráramos en guerra con Bolivia y Perú. Ellos necesitaban del salitre para sus productos químicos y producir pólvora y de guano para fertilizar y hacer negocios con Europa. Con esos objetivos se posicionaron en Chile, otorgaron fuertes sumas de capital al gobierno de la época, a condición que representáramos sus intereses y sin resquemores hipotecamos la producción de salitre y guano, que dio como resultado que por más de 20 el Estado de Chile tuvo que pagar esa enorme deuda contraída con intereses estratosféricos y que el gobierno quedará sin capital para financiarse en los primeros años de la posguerra y sin poder pagar los sueldos atrasados a miles de soldados que habían defendido esos mismos intereses, dejando a la soldadesca en la indigencia total y convertidos en mendigos. Los más reacios por necesidad se convirtieron en despiadados bandoleros, radicándose en la frontera con el Bío Bío, problemática que costó la vidas de cientos de inocentes colonos chilenos y europeos en su momento.

Luego durante el gobierno de Balmaceda esos mismos intereses Británicos que no estaban conformes en cómo el gobierno administraba las ganancias del salitre y la inconformidad por el impuesto a la producción que impuso Balmaceda, presionaron a la oligarquía militar de la época, para que le declararan la guerra al gobierno de Balmaceda, conduciéndonos a tener que enfrentar una cruenta guerra civil, con centenas de miles de muertos y nuevamente con sus posteriores años de pobreza y con una redistribución de la tierra nunca antes vista en Chile.

Si analizamos la historia como una concepción global y objetiva sin falsas ideologías, es preciso entender que aunque las transnacionales prometan desarrollo y sustentabilidad en el discurso y que los gobiernos lo avalen, ninguna en estos 145 años ha cumplido con lo prometido y solo han traído destrucción, pobreza, codicia y corrupción en nuestra sociedad. Estas corporaciones no tienen como objetivo desarrollar el país, el único interés que las motiva es obtener ganancias a como de lugar a costillas de los países subdesarrollados como el nuestro. No tengo dudas que al igual que en la actualidad, en el pasado debieron de haber existido muchos Longueiras y Pacheco Matte, que dedicaron su vida a representar estas corporaciones.

Por, Andrés Gillmore.
Estudió sociología
Empresario turístico